miércoles, 7 de octubre de 2026

El arroz dominicano y el DR-CAFTA

 LA BANDERA DOMINICANA CON ARROZ EXTRANJERO

Milton Tejada C. - Claves para las empresas de la Región Norte - No. 18

La derogación del esquema de protección arancelaria al arroz no es solamente un problema agrícola. Para la Región Norte constituye un asunto empresarial. El cultivo sostiene una cadena que comienza en las fincas, pero continúa en factorías, transporte, almacenamiento, comercio, financiamiento, venta de maquinarias, combustibles, fertilizantes, servicios técnicos y miles de empleos. Por eso, cualquier cambio significativo en las condiciones de competencia puede transmitirse rápidamente al resto de la economía regional.

El arroz tiene una fuerte presencia en provincias del Cibao y el Nordeste. A escala nacional involucra a más de 30,000 productores y alrededor de 80,000 empleos directos, mientras la producción local abastece aproximadamente el 96 % del consumo. No estamos, por tanto, ante un cultivo marginal, sino frente a una actividad estrechamente vinculada con el ingreso y la dinámica comercial de numerosas comunidades.

La eliminación de las medidas establecidas en 2024 coloca al sector frente a la apertura contemplada en el DR-CAFTA. Aníbal de Castro llama la atención sobre una asimetría importante: Estados Unidos exporta entre 40 % y 45 % de su cosecha arrocera y necesita mercados; para República Dominicana, en cambio, el arroz es parte esencial de la alimentación y sostiene comunidades productivas completas. Lo que para una economía puede representar una oportunidad adicional de exportación, para la otra puede significar la transformación de toda una cadena productiva.

Pero la respuesta tampoco puede consistir simplemente en levantar nuevas barreras. El editorial de Hoy plantea una cuestión fundamental: proteger indefinidamente ineficiencias no garantiza la supervivencia del productor. La nueva realidad obliga a concentrar esfuerzos en productividad, mecanización, tecnología, financiamiento, reducción de costos y mejores sistemas de comercialización.

Para las empresas del Norte esto abre una agenda que trasciende al agricultor. Las asociaciones empresariales, entidades financieras, proveedores tecnológicos, universidades, centros de formación y empresas vinculadas al agro tienen espacio para participar en la transformación. Modernizar la producción arrocera puede generar demanda de maquinaria, agricultura de precisión, servicios financieros, almacenamiento, logística, energía, capacitación y nuevas soluciones empresariales.

También existe un riesgo que debe observarse. Si una mayor competencia externa reduce significativamente la rentabilidad o desplaza producción nacional, el impacto no terminará en las parcelas. Menos producción significa menos compras de insumos, menos transporte, menor utilización de factorías, menor circulación de dinero en los municipios productores y presión sobre el empleo rural. El efecto multiplicador puede sentirse en todo el tejido empresarial local.

Por eso, la pregunta para el Norte no debería ser únicamente cómo proteger el arroz, sino cómo hacer competitiva toda su cadena de valor sin destruir productores durante la transición. El DR-CAFTA cambia las reglas; ahora corresponde convertir esa presión en una estrategia de transformación productiva.

El arroz dominicano entra en una nueva etapa. La mejor defensa de la producción nacional será conseguir que producir aquí resulte cada vez más eficiente y rentable. Para el Cibao y el Nordeste, la competitividad del arroz es también competitividad regional.

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