Se habla tanto de informalidad que
pareciera un “pecado mortal” el ser informal... y más bien pecaminosa es una
sociedad en que formalizarse no vale la pena, en que los salarios formales no
incentivan a "organizarse", en que se penaliza la riqueza y se
mantiene la pobreza... la informalidad, en el fondo, es una vía para que las
sociedades latinoamericanas no estallen como los fuegos artificiales de la
navidad. Parodio a Joaquín Sabina: necesitamos una economía en que ser informal no valga
la pena y ser formal no salga tan caro.
En esta edición les presento un resumen de un reciente
estudio de la CEPAL sobre este “fenómeno” de la informalidad.
La informalidad
no es un pecado
Un nuevo estudio del Banco Mundial
propone revisar la manera en que América Latina entiende la informalidad.
Educación, productividad empresarial, regulación laboral y protección social
forman parte de una misma ecuación: lograr que la formalidad sea una opción más
atractiva para trabajadores y empresas. Creo que podemos parodiar a Sabina: “Que
ser formal no salga tan caro y que ser informal no valga la pena”.
La
informalidad laboral continúa siendo uno de los grandes desafíos económicos y
sociales de América Latina y el Caribe. Durante casi dos décadas, alrededor del
55% de los trabajadores de la región ha permanecido en la informalidad,
pese a numerosos esfuerzos dirigidos a facilitar el registro de empresas,
reducir costos de contratación y promover el cumplimiento de las normas
laborales.
Sin
embargo, quizás parte del problema esté en cómo hemos entendido la informalidad.
El
estudio Racionalizar
la informalidad: Protección social, calidad del empleo y crecimiento, publicado en 2026 por
el Banco Mundial, propone una mirada más amplia. Su planteamiento central es
que no toda la informalidad responde a exclusión, precariedad o falta de
alternativas. Una parte importante surge también de decisiones de
trabajadores que comparan ingresos, protección social, autonomía y flexibilidad
antes de escoger cómo insertarse en el mercado laboral.
Esta
perspectiva no pretende idealizar la informalidad. Por el contrario, busca
comprender mejor sus causas para diseñar políticas capaces de alcanzar
simultáneamente tres objetivos: mayor protección social, empleos de mejor
calidad y crecimiento económico.
No existe una sola informalidad
Uno de
los aportes del estudio es advertir que resulta engañoso hablar del
trabajador informal como si se tratara de una categoría homogénea.
Existen
diferencias importantes entre el trabajador asalariado informal y quien trabaja
por cuenta propia. Los primeros tienden a ser más jóvenes, presentan menor
permanencia en sus puestos y con frecuencia utilizan estos empleos como
transición hacia otras oportunidades. El trabajo por cuenta propia, en cambio,
puede convertirse en una ocupación estable y de largo plazo.
La
informalidad está además estrechamente relacionada con las habilidades. Más de
la mitad de los asalariados y trabajadores por cuenta propia informales
analizados por el Banco Mundial posee únicamente educación primaria, frente a
aproximadamente una cuarta parte entre asalariados y emprendedores formales.
Al mismo
tiempo, el 30 % de las empresas de América Latina y el Caribe declara que no
puede expandirse debido a la falta de mano de obra calificada. La educación
y la formación laboral aparecen así no solo como políticas sociales, sino como
instrumentos fundamentales de productividad y formalización.
El mundo de las microempresas
La
microempresa constituye el verdadero epicentro de la informalidad regional.
Según el estudio, el 83 % de los trabajadores informales trabaja o dirige
empresas con cinco empleados o menos.
Y aquí
aparece uno de los hallazgos más interesantes: una proporción considerable de
quienes emprenden lo hace por oportunidad y no exclusivamente por necesidad.
Los datos examinados indican que entre 60% y 70% de los trabajadores por
cuenta propia ingresa a esta modalidad buscando, entre otros factores, mayores
ingresos, flexibilidad y la posibilidad de ser su propio jefe.
La República Dominicana sobresale
particularmente en este aspecto. El gráfico PG.5 del informe muestra que cerca
del 80 % de los trabajadores asalariados dominicanos preferiría trabajar por
cuenta propia, una proporción muy superior a la observada en numerosos
países desarrollados.
La
flexibilidad tiene, por tanto, un valor económico que muchas veces no aparece
reflejado en las estadísticas salariales. El Banco Mundial estima que los
trabajadores por cuenta propia pueden asignar a las ventajas asociadas al
autoempleo un valor equivalente a entre 50 % y 100 % de sus ingresos.
Esto
cambia la pregunta. Ya no basta con preguntarse por qué una persona permanece
informal. También hay que preguntarse qué tendría que ofrecerle el empleo
formal para resultarle más atractivo.
Formalizar no garantiza crecer
Otra
conclusión relevante para las políticas productivas es que formalizar una
microempresa no necesariamente la transforma en una empresa dinámica.
Muchas
unidades productivas pequeñas nacen para proporcionar empleo e ingresos a sus
propietarios y familias, pero carecen de aspiraciones, capacidades o
condiciones para crecer significativamente. De ahí que simplificar trámites y
facilitar el registro pueda ser conveniente, pero resulte insuficiente para
elevar sustancialmente la productividad.
El
estudio dirige la atención hacia lo que denomina “emprendedores
transformadores”: empresarios con mayores habilidades y capacidad para
innovar, invertir, exportar, expandir sus empresas y generar empleos.
Desde
esta perspectiva, reducir la informalidad requiere también crear condiciones
para que las empresas productivas puedan crecer. Acceso al crédito,
innovación, capacitación gerencial, educación tecnológica, desarrollo de
proveedores y eliminación de regulaciones que penalizan el crecimiento
empresarial pueden resultar más efectivos que políticas concentradas
exclusivamente en registrar microempresas.
Es una
conclusión especialmente pertinente para las políticas de desarrollo
industrial: una economía se formaliza también cuando sus empresas más
productivas pueden expandirse y crear empleos atractivos.
El costo de ser formal
El Banco
Mundial introduce además el concepto de “impuesto implícito a la formalidad”.
No se
refiere simplemente a un impuesto establecido por ley, sino a la diferencia
entre lo que cuesta financiar determinados beneficios laborales y sociales y el
valor que los trabajadores perciben que reciben de ellos.
Cuando
una contribución obligatoria cuesta más de lo que el trabajador considera que
vale el beneficio recibido, disminuye el atractivo de la formalidad. El problema puede
agravarse cuando existen duplicidades, servicios de baja calidad, poca
confianza en los sistemas de pensiones o trabajadores que alternan
continuamente entre empleos formales e informales y difícilmente acumularán los
requisitos necesarios para determinados beneficios.
El
estudio plantea por ello revisar integralmente los sistemas de protección
social, fortalecer la relación entre contribuciones y beneficios y diseñar
mecanismos más compatibles con trayectorias laborales cambiantes.
Una agenda que beneficia a trabajadores y empresas
La
principal conclusión del Banco Mundial es que la informalidad no puede
combatirse mediante políticas fragmentadas.
La
estrategia debe actuar simultáneamente sobre tres grandes frentes:
· Primero, elevar las
habilidades de trabajadores y empresarios mediante mejor educación,
formación técnica, capacitación vinculada a las necesidades productivas,
educación terciaria y fortalecimiento de las áreas de ciencia, tecnología,
ingeniería y matemáticas.
· Segundo, construir
un entorno empresarial que permita crecer a las empresas productivas: mejor
acceso al financiamiento, regulaciones laborales adecuadamente diseñadas,
reducción de costos no salariales que desincentivan la contratación y políticas
que no penalicen artificialmente a las empresas cuando aumentan de tamaño.
· Y tercero, modernizar
la protección social para responder a un mercado laboral en el que las
personas valoran cada vez más la movilidad, la autonomía y la flexibilidad.
El
mensaje final trasciende la discusión sobre informalidad. La verdadera meta
no es simplemente lograr que más trabajadores y empresas aparezcan registrados.
Es construir una economía en la que productividad, crecimiento empresarial y
protección social hagan de la formalidad una alternativa genuinamente conveniente.
Porque,
finalmente, la formalización sostenible no se consigue solamente mediante
obligaciones. Se consigue creando empresas capaces de crecer y empleos
formales por los que valga la pena optar.
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