sábado, 31 de octubre de 2026

Clave: La informalidad no es un pecado

Se habla tanto de informalidad que pareciera un “pecado mortal” el ser informal... y más bien pecaminosa es una sociedad en que formalizarse no vale la pena, en que los salarios formales no incentivan a "organizarse", en que se penaliza la riqueza y se mantiene la pobreza... la informalidad, en el fondo, es una vía para que las sociedades latinoamericanas no estallen como los fuegos artificiales de la navidad. Parodio a Joaquín Sabina: necesitamos una economía en que ser informal no valga la pena y ser formal no salga tan caro.

En esta edición les presento un resumen de un reciente estudio de la CEPAL sobre este “fenómeno” de la informalidad.

 La informalidad no es un pecado

Un nuevo estudio del Banco Mundial propone revisar la manera en que América Latina entiende la informalidad. Educación, productividad empresarial, regulación laboral y protección social forman parte de una misma ecuación: lograr que la formalidad sea una opción más atractiva para trabajadores y empresas. Creo que podemos parodiar a Sabina: “Que ser formal no salga tan caro y que ser informal no valga la pena”.

 La informalidad laboral continúa siendo uno de los grandes desafíos económicos y sociales de América Latina y el Caribe. Durante casi dos décadas, alrededor del 55% de los trabajadores de la región ha permanecido en la informalidad, pese a numerosos esfuerzos dirigidos a facilitar el registro de empresas, reducir costos de contratación y promover el cumplimiento de las normas laborales.

 Sin embargo, quizás parte del problema esté en cómo hemos entendido la informalidad.

 El estudio Racionalizar la informalidad: Protección social, calidad del empleo y crecimiento, publicado en 2026 por el Banco Mundial, propone una mirada más amplia. Su planteamiento central es que no toda la informalidad responde a exclusión, precariedad o falta de alternativas. Una parte importante surge también de decisiones de trabajadores que comparan ingresos, protección social, autonomía y flexibilidad antes de escoger cómo insertarse en el mercado laboral.

 Esta perspectiva no pretende idealizar la informalidad. Por el contrario, busca comprender mejor sus causas para diseñar políticas capaces de alcanzar simultáneamente tres objetivos: mayor protección social, empleos de mejor calidad y crecimiento económico.

 No existe una sola informalidad

Uno de los aportes del estudio es advertir que resulta engañoso hablar del trabajador informal como si se tratara de una categoría homogénea.

 Existen diferencias importantes entre el trabajador asalariado informal y quien trabaja por cuenta propia. Los primeros tienden a ser más jóvenes, presentan menor permanencia en sus puestos y con frecuencia utilizan estos empleos como transición hacia otras oportunidades. El trabajo por cuenta propia, en cambio, puede convertirse en una ocupación estable y de largo plazo.

 La informalidad está además estrechamente relacionada con las habilidades. Más de la mitad de los asalariados y trabajadores por cuenta propia informales analizados por el Banco Mundial posee únicamente educación primaria, frente a aproximadamente una cuarta parte entre asalariados y emprendedores formales.

 Al mismo tiempo, el 30 % de las empresas de América Latina y el Caribe declara que no puede expandirse debido a la falta de mano de obra calificada. La educación y la formación laboral aparecen así no solo como políticas sociales, sino como instrumentos fundamentales de productividad y formalización.

 El mundo de las microempresas

La microempresa constituye el verdadero epicentro de la informalidad regional. Según el estudio, el 83 % de los trabajadores informales trabaja o dirige empresas con cinco empleados o menos.

 Y aquí aparece uno de los hallazgos más interesantes: una proporción considerable de quienes emprenden lo hace por oportunidad y no exclusivamente por necesidad. Los datos examinados indican que entre 60% y 70% de los trabajadores por cuenta propia ingresa a esta modalidad buscando, entre otros factores, mayores ingresos, flexibilidad y la posibilidad de ser su propio jefe.

 La República Dominicana sobresale particularmente en este aspecto. El gráfico PG.5 del informe muestra que cerca del 80 % de los trabajadores asalariados dominicanos preferiría trabajar por cuenta propia, una proporción muy superior a la observada en numerosos países desarrollados.

 La flexibilidad tiene, por tanto, un valor económico que muchas veces no aparece reflejado en las estadísticas salariales. El Banco Mundial estima que los trabajadores por cuenta propia pueden asignar a las ventajas asociadas al autoempleo un valor equivalente a entre 50 % y 100 % de sus ingresos.

 Esto cambia la pregunta. Ya no basta con preguntarse por qué una persona permanece informal. También hay que preguntarse qué tendría que ofrecerle el empleo formal para resultarle más atractivo.

 Formalizar no garantiza crecer

Otra conclusión relevante para las políticas productivas es que formalizar una microempresa no necesariamente la transforma en una empresa dinámica.

 Muchas unidades productivas pequeñas nacen para proporcionar empleo e ingresos a sus propietarios y familias, pero carecen de aspiraciones, capacidades o condiciones para crecer significativamente. De ahí que simplificar trámites y facilitar el registro pueda ser conveniente, pero resulte insuficiente para elevar sustancialmente la productividad.

 El estudio dirige la atención hacia lo que denomina “emprendedores transformadores”: empresarios con mayores habilidades y capacidad para innovar, invertir, exportar, expandir sus empresas y generar empleos.

 Desde esta perspectiva, reducir la informalidad requiere también crear condiciones para que las empresas productivas puedan crecer. Acceso al crédito, innovación, capacitación gerencial, educación tecnológica, desarrollo de proveedores y eliminación de regulaciones que penalizan el crecimiento empresarial pueden resultar más efectivos que políticas concentradas exclusivamente en registrar microempresas.

 Es una conclusión especialmente pertinente para las políticas de desarrollo industrial: una economía se formaliza también cuando sus empresas más productivas pueden expandirse y crear empleos atractivos.

 El costo de ser formal

El Banco Mundial introduce además el concepto de “impuesto implícito a la formalidad”.

 No se refiere simplemente a un impuesto establecido por ley, sino a la diferencia entre lo que cuesta financiar determinados beneficios laborales y sociales y el valor que los trabajadores perciben que reciben de ellos.

 Cuando una contribución obligatoria cuesta más de lo que el trabajador considera que vale el beneficio recibido, disminuye el atractivo de la formalidad. El problema puede agravarse cuando existen duplicidades, servicios de baja calidad, poca confianza en los sistemas de pensiones o trabajadores que alternan continuamente entre empleos formales e informales y difícilmente acumularán los requisitos necesarios para determinados beneficios.

 El estudio plantea por ello revisar integralmente los sistemas de protección social, fortalecer la relación entre contribuciones y beneficios y diseñar mecanismos más compatibles con trayectorias laborales cambiantes.

 Una agenda que beneficia a trabajadores y empresas

La principal conclusión del Banco Mundial es que la informalidad no puede combatirse mediante políticas fragmentadas.

 La estrategia debe actuar simultáneamente sobre tres grandes frentes:

·       Primero, elevar las habilidades de trabajadores y empresarios mediante mejor educación, formación técnica, capacitación vinculada a las necesidades productivas, educación terciaria y fortalecimiento de las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

·       Segundo, construir un entorno empresarial que permita crecer a las empresas productivas: mejor acceso al financiamiento, regulaciones laborales adecuadamente diseñadas, reducción de costos no salariales que desincentivan la contratación y políticas que no penalicen artificialmente a las empresas cuando aumentan de tamaño.

·       Y tercero, modernizar la protección social para responder a un mercado laboral en el que las personas valoran cada vez más la movilidad, la autonomía y la flexibilidad.

 El mensaje final trasciende la discusión sobre informalidad. La verdadera meta no es simplemente lograr que más trabajadores y empresas aparezcan registrados. Es construir una economía en la que productividad, crecimiento empresarial y protección social hagan de la formalidad una alternativa genuinamente conveniente.

 Porque, finalmente, la formalización sostenible no se consigue solamente mediante obligaciones. Se consigue creando empresas capaces de crecer y empleos formales por los que valga la pena optar.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario